viernes, 2 de mayo de 2008

Lago de Nicaragua

Jaime Incer Barquero
El lago de Nicaragua es el accidente geográfico más notable del istmo centroamericano. Representa a su vez el lago tropical más amplio del continente americano, con una extensión superficial de 8,264 km2.

Su posición en medio del angosto istmo, a sólo 18 km del Océano Pacífico, del cual lo separan tierras muy bajas y por el otro extremo descargando sus aguas en el mar Caribe por medio del caudaloso río San Juan, le ha conferido un valor estratégico como ruta posible de comunicación interoceánica, desde el mismo momento de su descubrimiento por los conquistadores españoles en 1523, condición que llegó a constituirse en un elemento determinante en el devenir histórico de Nicaragua y del resto de Centroamérica.

La dulcificación paulatina del lago permitió la evolución de una rica ictiofauna tropical. En la actualidad se han descrito 46 especies de peces dulce-acuícolas, agrupadas en 15 familias diversas que procedentes de Norte y Suramérica han poblado sus aguas, entre ellas el primitivo gaspar Atractosteus tropicus, además de cuatro especies que son endémicas a los lagos de Nicaragua. También se encuentran en el lago, como rarezas ictiológicas, ciertas especies marinas que se adaptaron a las condiciones lacustres, como el tiburón toro, Carcharhinus leucas var. nicaragüensis; dos especies de pejesierras (Pristis pectinatus y P. Perotteti); el tarpón o sábalo real (Megalops atlanticus) y algunas especies eurihalinas como el róbalo (Centropomus undecimalis) y el roncador (Pomadasys grandis). En resumen, el lago de Nicaragua, tanto por su extensión como su condición tropical, posee la mayor riqueza de especies de agua dulce que se pueda encontrar en cualquiera de los ambientes lacustres entre el Ártico y la Tierra del Fuego.

Las culturas indígenas Chorotegas y Nicaraos, descendientes y emigrantes de los antiguos Toltecas, prosperaron alrededor de los grandes lagos de Nicaragua y poblaron sus islas de monumentos ceremoniales, estatuas de piedra labrada y gran variedad de cerámica precolombina. Llamaron Cocibolca y Xolotlán (Quetzalcóatl y Xolotl, los dos gemelos míticos del culto tolteca) a los lagos de Nicaragua y Managua respectivamente.

En 1523 el conquistador Gil González de Avila fue el primer europeo en avistar y admirar la grandiosidad del lago y la impetuosidad de sus olas. Creyéndolo mar lo llamó Mar Dulce. Un año después otro conquistador, Francisco Hernández de Córdoba, fundó a orillas de ambos lagos las primeras ciudades españolas asentadas en el continente americano: León y Granada. Esta última población ha sobrevivido hasta el presente y se la considera como el más antiguo establecimiento europeo en tierra firme que aún se encuentra en el mismo sitio de su fundación original.

Los españoles exploraron el confín del lago y en 1539 descubrieron su salida al Mar Caribe por medio del Río San Juan. Pronto Granada se convirtió en un próspero puerto interior con acceso al mar y a otras ciudades españolas ubicadas en la periferia del Caribe. El principal comercio de Centroamérica fluyó por esta vía por los siguientes dos siglos, lo cual atrajo la atención de los piratas que en tres ocasiones remontaron el río, cruzaron el lago y asaltaron sorpresivamente la ciudad de Granada.

La enemistad entre España e Inglaterra en el siglo XVIII también condujo a excusiones armadas por el Río San Juan, con la intención de apoderarse del lago y del estrecho istmo que lo separaba del Pacífico y asegurar a Inglaterra una más directa ruta comercial hacia las islas del Pacífico. En 1780 el Almirantazgo Británico intentó romper por el cuello de Nicaragua el extenso poderío colonial que España ejercía sobre sus colonias, desde México hasta las provincias del Plata. En esta fallida intentona participó el entonces novel alférez Horace Nelson, futuro héroe de Trafalgar.

1 comentario:

Renata Rodrigues dijo...

Hola Jaime

Muy bonito tu blog. Las fotos están lindas y la información interesante.
Renata